El tatuaje se ha utilizado muchas veces en la Historia de la Humanidad como castigo. Las personas culpadas de sacrilegio debían ser tatuadas, así como también muchos criminales de diverso tipo, ladrones y mafiosos.
Al extenderse el cristianismo, en el Imperio Romano se dejó poco a poco la costumbre del tatuaje de esclavos y criminales. El emperador Constantino, primer emperador de Roma, pronunció un decreto en contra de la actividad del tatuaje, al igual que muchas religiones que siguieron sus pasos, incluso hasta nuestra época.
A pesar de esto se ha registrado que los guerreros de las cruzadas se hacían tatuar cruces para asegurar un entierro cristiano, como una solicitud al enterrador o si se confundían sus cuerpos en el campo de batalla, donde siempre luchaban con musulmanes.
También se sabe que muchos peregrinos que iban a Jerusalén, se tatuaban crucifijos para rememorar su viaje y como reafirmación de su fe... al igual que hoy muchas personas eligen tatuajes religiosos.
Los motivos para tatuarse pueden ser muchos en la actualidad y ya no se castiga por ello, salvo si los tatuajes son en la cara o las manos, donde la sociedad en su conjunto no termina de admitirlos y pueden causar problemas laborales y sociales a las personas que los portan.
Es por ello que muchos tatuadores, en la actualidad, se niegan a realizar tatuajes en manos y rostro, cosa que en otras culturas u otros tiempos era habitual, normal y aceptado.
La cultura maorí, hasta nuestros días, utiliza los tatuajes como tradición y necesidad social. |